Esos puñeteros datos objetivos

Escrito porAntonio Manfredi

25 Jun, 2020

A primeros de junio, la presidenta de la Comunidad de Madrid, la periodista Isabel Díaz Ayuso, mantuvo un duro debate de los suyos en la cámara autonómica, a cuenta de las residencias de ancianos y las graves acusaciones de abandono a decenas de abuelos durante la pandemia. En el fragor de la batalla política dijo exactamente esto: “Mire señoría, no hay peor mentira que la que se basa en datos objetivos. No digo que esté usted mintiendo, digo que se está creando un relato sobre un drama que se ha producido no solo en Madrid, si no en el resto de las comunidades autónomas y en todos los países”  Les dejo aquí en el enlace al vídeo para que puedan verlo y oírlo si lo desean. 

Prácticamente el mismo día, el economista turco Dani Rodrik fue galardonado con el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2020. Es autor del efectista “Trilema de Rodrick”la consecución de las alternativas entre globalización económica, democracia política y soberanía nacional conlleva necesariamente el debilitamiento de alguna de estas tres fuerzas. 

Cuando escuché a la señora Díaz Ayuso, a pesar de todo lo vacunado que estoy de la dialéctica política y sus objetivos emocionales y cortoplacistas, me dio un vuelco el cerebro y busqué la grabación. Después de oírla cuatro veces entendí el sentido que esta señora periodista metida a política quería dar a sus palabras: a mí no me venga usted con datos objetivos que eso está muy pasado de moda; deje que le haga yo mi propia interpretación para que entienda usted la verdadera realidad de las cosas. Y me sentí muy triste, porque la señora tiene toda la razón como servidora pública en la era Trump: los datos objetivos y el ejercicio consecuente de la verdad ya no convencen a nadie.

Los medios hemos dejado de jugar con esos molestos parámetros y hemos entrado de lleno en el juego de la declaración impetuosa que se alimenta a sí misma. En la pandemia casi hemos perdido la batalla. Cada parte de nuestra polarizada política tiene sus razones y sus argumentos y la trinchera es demasiado profunda para salvarla. Allá cada periodista con su futuro y cada ciudadano con su interpretación de la realidad. Hasta el doctor Simón tiene una diana en la cabeza. El Parlamento Español está tan polarizado que causa rubor comparar esos comportamientos con los de millones de ciudadanos, que han seguido a pie juntillas  las directrices del confinamiento por el bien de todos. El único colchón posible está en los medios de comunicación, que pueden y deben ayudar a esa ciudadanía huérfana de referentes. Los periodistas tenemos que dar el salto. Hemos caído en la trampa. Al diablo las peleas en el Parlamento. Sólo a ellos mismos les interesan ya. Cojamos la puerta y salgamos a la calle. Que corra el aire. 

Y a esto vino Rodrik y nos dice que vayamos espabilando, que la globalización económica no es compatible con la democracia y/o la soberanía nacional. O sea que si queremos mantener nuestro estatus pequeño burgués venido a menos hay que entregar grandes dosis de nuestra libertad para mantener una aparente pseudodemocracia y una relativa soberanía. Y entiendo entonces el sentido final de las palabras de la presidenta madrileña: deja que yo te lleve por el camino de la verdad y la coherencia; no mires para ningún lado ni hagas caso de lo que te dicen que está pasando esos periodistas de izquierdas. Yo garantizo tu libertad y tu soberania. Fuera de mí no hay nada. Tu trabajo, tu pisito y tu microondas dependen de lo que yo haga

No vean en estos argumentos que les presento una visión pesimista de la realidad. Tampoco estoy dando saltos de alegría, es cierto. Vean más bien una forma de interpretar cómo se está modificando políticamente esta sociedad y, sobre todo, cómo tenemos los periodistas que reaccionar a ese cambio trumpista. La presidenta Díaz Ayuso lo deja implícito en su discurso: la mayor amenaza es una batería de datos objetivos ordenados, contrastados y bien titulados. Eso es Periodismo. Lo demás es darle vueltas a una pelota en la que solo unos pocos pueden sostenerse. 

(*) Antonio Manfredi, periodista

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