Sandra Balsells: “Los trabajos más sólidos de fotoperiodismo están hechos por freelance. Todos”

Escrito por1001 Medios

25 Abr, 2012

1001 Medios cita a Sandra Balsells para hablar largo y tendido. La fotoperiodista se encuentra invitada por Al Andaluz Photofestival. La entrevista corre a cargo de Ana González. Las fotografías y el vídeo son obra de @Ferminius . La edición corre a cargo de Javier F. Barrera.

Sandra Balsells en Granada

A Sandra Balsells no se la encuentra en las redes sociales. Hay que buscarla en sus fotos, en sus imágenes que evocan, piden y provocan silencio. En el cementerio de Brijest (Croacia), para cubrir los funerales de cuatro soldados caídos en combate o en Cluj-Napoca (Rumanía), para narrar la vida diez años después de la caída de Ceausescu.
A Sandra Balsells se la encuentra rememorando el olvido, y desde hace 17 años también la podemos encontrar en la Universidad Ramon Llull de Barcelona, donde imparte clases. Considerada como una de las mayores exponentes del fotoperiodismo español contemporáneo, recibió el premio Ortega y Gasset en el año 2006 por la mejor labor informativa con su trabajo sobre la guerra y la postguerra en la antigua Yugoslavia.
En 1991 fue a cubrir la desmembración de Yugoslavia, pero en diez días estalló la guerra y tuvo que decidir. Se quedó. Dice que en su adolescencia le marcó leer la revista ‘Los aventureros’, dirigida por Enrique Meneses y así comenzó su camino hacia la aventura fotográfica.
Balsells ha estado en Granada participando en la segunda edición del Al Andaluz Photofest, donde ha revisado las nuevas tendencias del fotoperiodismo y donde ha apostado por el dominio de diferentes lenguajes audiovisuales para conseguir el tratamiento que requiere cada tema. Miradas, testimonios y sentimientos que sacan el alma de una historia (‘Retratos del alma’).

Inmersa en un proyecto antropológico sobre la religión en Sicilia, otro sobre las mujeres de Libia y varios comisariados, Sandra reconoce que los grandes proyectos fotográficos sólo pueden hacerse al margen de los medios de comunicación, porque éstos no están dispuestos a financiar proyectos tan largos y, por tanto, tan caros.
Ésta es la entrevista que mantuvo con 1001 medios en pleno corazón del Realejo.


-Hay un proverbio chino que dice: ‘Ojalá te toque vivir tiempos interesantes. ¿La revolución tecnológica nos hace estar a periodistas y fotógrafos ante uno de esos momentos?
-No sé que decirte. Yo creo que los cambios tecnológicos hay que tomarlos con una cierta distancia porque lo que cambian son las rutinas de trabajo, las herramientas, pero no cambia el discurso. En mi ámbito del fotoperiodismo no ha supuesto una ruptura sino otra forma trabajar. Cambian ligeramente las rutinas, la inmediatez, la comodidad de ser autónomo y podértelo hacer todo en tu casa, pero yo no mitifico la tecnología hasta ese punto.
-Las nuevas tecnologías han facilitado el intrusismo y han rebajado el ingenio del fotógrafo. ¿Cuáles son las opciones de futuro de esa profesión que se acerca al multimedia? Porque hacer una foto es fácil, pero hacer una buena foto es muy difícil…
-Yo diría más: una buena foto es relativamente fácil, un proyecto sólido, diferencial, realizado a largo plazo, eso es muy difícil. Un fotógrafo no pasa a la historia ni se consolida por una buena foto. Como entiendo yo el fotoperiodismo creo en los proyectos, en las historias desarrolladas con tiempo, con reflexión. La tecnología precisamente ha permitido eso, que hacer buenas fotos sea relativamente sencillo. Yo creo que tenemos que dar un salto más allá y no quedarnos sólo en las buenas fotos, hay que hacer buenos proyectos, hacer buenas historias.
-Conocemos el trabajo de un fotógrafo español cuando se le otorga un premio en el extranjero. ¿El fotógrafo freelance tiene poca salida en España?
-Discrepo. Yo creo que los trabajos más sólidos de fotoperiodismo en nuestro país están hechos por freelance, todos. Te voy a poner un ejemplo: en el año 2007 comisarié un proyecto que se llama ‘Latidos de un mundo convulso’, es una exposición y un libro en el que participan diez autores españoles y que radiografía un poco los últimos 20 años del fotoperiodismo en España. Te diré que de los diez autores, 7 son freelance: Cristina García Rodero, Gervasio Sánchez, Fernando Moleres, Javier Bauluz, Clemente Bernad, Paco Elvira y yo misma. Yo creo que los grandes proyectos sólo pueden tirarse adelante al margen de los medios de comunicación, porque los medios de comunicación no están dispuestos a financiar proyectos tan largos y por tanto tan caros. Sí que es verdad que la tradición del freelance está mucho más arraigada fuera que aquí, pero cuando la gente ha visto que en los medios de comunicación uno no es capaz de tirar adelante esos proyectos con tiempo, pues opta por ir por libre.
-Sois expertos en esquivar el miedo, el azar, al francotirador o la mala suerte que puede esperarle a uno en cualquier esquina con tal de seguir informando. Sin embargo, las condiciones laborales están envueltas muchas veces en la precariedad. ¿Falta respeto al profesional independiente por parte de sus propios medios?
-Si, por los medios de comunicación yo creo que sí, en el sentido de que quizás no se valora en su justa medida el esfuerzo, el trabajo, la solidez del proyecto… pero en cualquier caso, trabajar como freelance significa asumir todas esas precariedades, es una forma de entender la profesión y hay que asumirlas, pero luego yo creo que la gran ventaja y el gran privilegio y, en definitiva, la gran aspiración de cualquier periodista (trabaje con una cámara de fotos, o con un micro o con lo que sea) es poder escoger tus temas. Esa es la máxima aspiración. ¿Hay que pagar un peaje? Lógicamente, la inestabilidad económica. Tú te vas de viaje y posiblemente no cuentes ni con un seguro ni con un apoyo ni con un respaldo, pero claro, la satisfacción de poder dedicarte a los temas que realmente te apasionan, te mueven, eso es un lujo. Así es como entiendo yo la figura del freelance.
-En tu caso hay una anécdota que marca tu trayectoria y es cuando ves el primer muerto.
-Sí, puede parecer una tontería pero yo lo viví así. En mi primer viaje a la antigua Yugoslavia llegué y era muy joven. Lógicamente no tenía experiencia y una cosa pues bueno, tan normal de cualquier guerra como son las víctimas, a mí eso me afectó mucho porque yo nunca me hubiera encontrado con esa situación en la que ves civiles asesinados en la calle, tirados. Concretamente el primer muerto con el que yo me encontré y fotografié era una persona a la que habían asesinado por la espalda con un impacto de bala. Estaba tirado en la cuneta de un pueblecito donde la población había huido y era un hombre con una gran belleza, de mediana edad, abandonado en la calle, tirado. Llovía. Entonces para mí fue un punto de inflexión porque me tuve que poner a prueba y decir “Sandra, ¿tú eres capaz de trabajar en este tipo de situaciones?” Y fue un aprendizaje muy doloroso, yo sufrí, sufrí mucho pero me dí cuenta de que sí era capaz forzándome y superando esos miedos. Es uno de los fragmentos (para mí, no sé si para el público) más interesantes del documental ‘Retratos del Alma’ en el que voy a buscar a gente a la que yo había fotografiado durante la guerra de los Balcanes y regreso al mismo lugar donde encontré ese muerto. Me encuentro con los campesinos que salieron a envolverle primero con una sábana blanca y luego con un plástico con la intención de que nos lo lleváramos, porque estaba la gente tirada en las cunetas. Este campesino salió y se acordaba de mí perfectamente y lo que más le llamó la atención fue lo que me dijo: “Yo recuerdo cómo tú estabas con la cámara en las manos temblando”.
Sandra Balsells con Ana Gonzñalez Vera
-¿Te acostumbras al dolor?
-No te acostumbras pero sí que adquieres una especie de temple que te ayuda a sobreponerte a esos miedos, en definitiva son tus propios miedos, tus propias dudas, tu propia incapacidad a veces para saber si vas a ser capaz de trabajar en según que contextos. Acostumbrarte no. Yo creo que en el momento en el que uno se acostumbra se deshumaniza y creo que la humanidad es necesaria para poder trabajar en este tipo de situaciones y, sobre todo, poder transmitir esas realidades.
-Y todo ello sabiendo que no podrás cambiar la realidad con tus fotos…
-Claro. Yo creo que eso es un sueño de juventud que piensas que el periodismo contribuye a cambiar las cosas. Pues poco. Creo que sí contribuye en cualquier caso a otras cosas muy importantes: a sensibilizar a ciertos públicos. Sin ponerte grandes expectativas tienes que saber a dónde llegas. Yo por ejemplo en la época de los Balcanes hice muchas charlas en institutos, visitas guiadas a exposiciones, muestras… y te das cuenta de que tu discurso acaba llegando en pequeña medida a mucha gente que no era consciente de ciertas realidades, y eso es muy gratificante y, si te das cuenta, entonces sí sirve para algo.
-Dice Ramón Lobo que cada vez hay más periodistas sobre el terreno y muchos no son de plantilla, con lo cual ni siquiera se juegan la vida por una portada o una foto, sino por la posibilidad de venderla. ¿Merece la pena la imagen que vamos a tomar por el riesgo que implica?
-A ver, yo creo que lo que dice Ramón Lobo es cierto, pero es que hoy en día es la única salida. Un ejemplo muy claro está en una nueva generación que se ha forjado en el norte de África desde el inicio de las revueltas el año pasado con chavales muy jóvenes que han tenido que irse de España porque en España no podían trabajar; desde Samuel Aranda, que se le ha reconocido estupendamente su trabajo con el World Press Photo, a Guillem Valle, Ricard Vilanova… toda una serie de personas que están ahí luchando por tirar delante de su profesión. Hay que asumir riesgos, claro, pero yo creo que nadie se va a estos sitios pensando que no va a volver a su casa. Puede pasar, de hecho pasa, pero te mueve la vocación, este es un oficio de vocación, sino no lo sobrellevas, porque las dificultades son muchas, pero también es muy gratificante porque estás dedicando tu vida a lo que quieres, a lo que sientes.
-Todavía no se ha conseguido un tuit que logre transmitir la sensación, la emoción o la visión de un reportero, de alguien que estuvo allí, lo vio y lo contó. Parece entonces difícil que el periodismo digital pueda prescindir de un buen fotógrafo o un buen periodista.
-Si, lo que pasa es que hay que poner también su lenguaje en su justa medida, yo creo que la fotografía es un lenguaje muy limitado para explicar según qué, por ejemplo la historia de las mujeres que se inmolan. Estaba explicando ahora mismo Sergio Caro en su conferencia que necesitas la palabra, la imagen en movimiento, las declaraciones. La fotografía es un lenguaje muy útil, para según qué tipo de producto pero tenemos que ser conscientes de que cada vez más hay que dominar diferentes lenguajes para conseguir el tratamiento que requiere cada tema. El audiovisual que yo hice sobre las víctimas de las guerras a las que reencuentro, eso en fotografía, sólo en fotografía, no tiene ningún sentido porque es la foto del antes y del después, yo necesito sus testimonios, sus miradas a cámara, hacer un seguimiento, entonces, tenemos que dominar todos esos lenguajes.
-Has estado casi una década fotografiando el conflicto balcánico y viendo dramas. ¿Qué sentimiento te resulta más difícil de fotografiar?
-(Silencio) Yo creo que los sentimientos profundos de las víctimas de un conflicto son muy difíciles de percibir con una fotografía, incluso con un documental. Ahora hago una traslación a nuestro país: la gente en la guerra civil no hablaba de sus sentimientos. Cuando ha acabado una guerra las familias normalmente no cuentan las experiencias que han tenido. Eso es muy difícil de reflejarlo con cualquier lenguaje. Yo creo que la única forma de conseguirlo es pasar mucho tiempo con esa gente. Generar un ambiente de confianza, que tus interlocutores entiendan el sentido de que se abran, porque esos sentimientos no se pueden recoger muchas veces, por eso el tiempo es fundamental. Los personajes que nosotros entrevistábamos fueron inmensamente generosos porque para ellos fue romper sus rutinas. Nosotros podíamos pasar 5 o 6 días con cada una de las personas, muchas veces no grabábamos, porque es la única forma de que ellos pierdan el miedo a un equipo grande, ese tiempo es fundamental.
Estorninos
-¿Qué foto se te ha quedado por hacer?
-Ufff, muchas!. Es lo más frustrante para un fotógrafo, esas situaciones que pasan por delante tuya y que no pillas. Te pongo un ejemplo de una foto que no es la más significativa ni mucho menos, pero cuando yo trabajaba en Kosovo, durante la guerra, comíamos siempre muy tarde porque estábamos trabajando todo el día y siempre íbamos a un lugar en el que a última hora de la tarde aparecían millones de estorninos en el cielo y yo decía: “Éste es el símbolo de Kosovo. Ya haré la foto mañana, ya haré la foto mañana…” y no la hice nunca. El libro más bueno que yo conozco sobre la historia de Kosovo (de Paolo Pellegrin) tiene en su portada ese cielo de estorninos que yo no hice nunca.
Las 7 Preguntas de 1001 Medios
.-Entrevista a José Luis Orihuela
.-Entrevista a Ramón Salaverría
.-Entrevista a Sonia Blanco

Te puede interesar…

1 Comentario

  1. Enrique Meneses

    Magnífica entrevista con la «niña de la Tribu» Solo tenemosadmiración y respeto. Comparto su opinión sobre los free-lance.Me emociona siempre escuchar cómo a los 12 años «Los Aventureros» descubrió su vocación.
    Sandra, estas guapísima en esta foto. Pep debería preocuparse.