De redes y suicidios

Escrito porJuan Pablo Seijo

10 Feb, 2010

La Voz de Almería me ha solicitado hoy un artículo de opinión sobre el hecho de que la mujer suicida de Pulpi lo anunciara en Facebook. Me pidieron 1500 caracteres y entendí palabras por lo que he decidido colocar aquí el texto no publicado y como la Voz no tiene web…
No te aportará nada a ti, lector de 1001medios, pero ¿no lo hacen los Microsiervos y les queda de miedo? Pues eso.
La noticia sobre el desafortunado suceso del suicidio de la mujer en el Levante almeriense se articula en que utilizó una de las redes sociales más populares, Facebook, para anunciar su acto. Un hecho triste y evitable, el del suicidio, ya que su intención fue anunciada días antes pero nadie hizo nada, lo que sí debería ser noticia. No pertenece al encargo de escribir estas lineas la reflexión sobre la más que aparente indefensión de la victima, ni el hecho de que su comunicado fuera tanto un grito en la soledad como una advertencia a su entorno sobre el trato que recibió de su ex pareja pero no puede dejarse de lado ya que si bien la espectacularización de la noticia se sustenta en la presencia de las Redes Sociales, y por lo tanto un meme de moda, también refleja que su calado en nuestra sociedad ya es pleno. Digamos, pues, que son sistemas de comunicación que forman ya parte de nuestro esfera de información, lo que en ambitos académicos se viene a llamar la Noosfera informativa.

Las Redes Sociales son básicamente herramientas tecnológicas que se usan para que nos comuniquemos más rápido, más lejos y más ágilmente con nuestros «contactos». Ni más ni menos. No hay más misticismos y tecnologías innovadoras, tan sólo algoritmos más o menos sofisticados que mueven páginas webs como Facebook o Tuenti y que vía un explorador web o un teléfono facilitan el que compartamos retazos de nuestra vida bien sea a modo de fotos, clips de audio, comentarios o correos electrónicos. ¿Cómo nos ponen en contacto entre nosotros? Nos damos de alta en una de ellas, le facilitamos la clave de nuestra agenda de direcciones de correo y el sistema rastrea quienes de nuestros contactos está ya en la Red. En un par de minutos estamos comunicados y es sólo cuestión de tiempo el aprender a manejarse con cierta soltura.
Las cifras son abrumadoras. El 75% de los internautas en España están dentro de una y al menos el 30% de los jóvenes españoles está conectado a ellas a través del móvil. En menos de dos años. No ha habido en la historia de las tecnologías de la información semejante estadística. Fíjese en lo que venden ahora las telefónicas: conectividad a RS, y los teléfonos no se atreven a salir al mercado sin una aplicación afín.
Por otro lado el excepticismo que provocan es idéntico al que, durante los 16 años de la Internet popular, ha suscitado cualquiera de los saltos técnicos aparecidos. Exactamente igual. Las noticias de los suicidios (o intentos) comunicados por BSB, email, IRC, Messenger, Grupos, Blogs y ahora Facebook’s han sido moneda (y titulares) común. Aunque es cierto que ya nadie se extrañe de que Chico conozca a Chica por Internet, y es curioso porque era una practica relativamente frecuente hacerlo por correo postal en los años 70 en gran parte del mundo occidental.

El primer mundo, en su versión caucásica, no acepta bien los saltos tecnológicos: somos sustitutivos y no adaptativos. Nuestras habilidades sociales en el bis a bis chocan frontalmente con la idea de la comunicación a distancia y, es cierto, las gestionamos de manera muy extrema. O bien demonizamos las RS o exponemos nuestra vida sin mayor preocupación. Quizás si entendiéramos que no son más que una herramienta que hace lo que nosotros queremos que haga no le daríamos un tratamiento de tercera persona que no conduce si no a malentendidos.
Uno de ellos es el hecho de que ayudan más que agreden. Se han evitado más suicidios de los que se han consumado, la función de las redes como altavoces de las emociones de muchos que no tienen quien le escuche ha salvado muchas psiques por no hablar de aquellos con impedimentos físicos que han eliminado el filtro. A nivel comercial están forzando a que las Marcas redefinan sus discursos comerciales y empiecen a «conversar» con sus clientes, ya no vale el discurso único, lineal y monodireccional, ahora si no respondes y no eres honesto no convences.
En la distancia la clase política sigue suspendiendo alejada, con cierta naturalidad asumida por la ciudadanía, de un medio que los expondría tanto a un nivel comunicativo profundo al que es mejor no acercarse. Craso error, la gestión de la reputación en la Red es lenta y no se consigue a base de «potencia» en medios, aprenderán la lección demasiado tarde.
Siguen siendo, no obstante, las cuestiones relativas a la intimidad las que más sobrevuelan la experiencia en estas redes. ¿Cuanto exponen de nosotros? ¿Hasta donde somos capaces de controlar lo que otros ven en nuestros perfiles? Precisamente estos meses están siendo claves, tanto Facebook como Tuenti han simplificado y reforzado las opciones de control de la información y notificiaciones para que el usuario tenga más opciones. En el caso de la Tuenti, la red española, y en palabra de su Dircom Ícaro Moyano «es casi una obsesión lo en serio que nos lo tomamos«. En el caso de la americana Facebook los movimientos no son tan estricios, su cultura corporativa y el modo americano deja en manos de los usuarios la mayor parte de las responsabilidades, digamos que se limitan a informar profusamente: los míticos Disclaimers que nadie lee y con eso salvan los muebles. Afortunadamente en Europa, y «especialmente en España«, según Paloma Llaneza abogada especialista en entornos digitales, «la legislación nos protege de nuestra vagancia y desinterés, aunque no queramos estamos más protegidos que en la mayor parte del mundo«. Facebook tiene abiertos cerca de una treintena de expedientes por la Unión Europea, algunos de los cuales les han obligado a tomarse en serio que, a pesar de que la responsabilidad final sobre lo que volcamos en la red es de cada uno, las herramientas deben de aportar los sistemas de control necesarias para que terceros no campen a sus anchas.
Y ese es precisamente el meollo de la cuestión: nuestra propia gestión de la intimidad. Constantemente vemos como terceros aprovechan, ven o vulneran derechos o intimidades en base a la información que colgamos de nosotros mismos pero pocos se paran a pensar que la gestión de la privacidad empieza por uno mismo. Imagine que un día, en el portal de su casa, encuentra un Post It firmado por el vecino del 5º A narrando en 140 letras la borrachera que se cogió ayer. Y justo debajo las fotos de las vacaciones la familia del 2º C en la Manga del Mar Menor. Se reiría, y cuchichearía, pero no haría lo mismo ¿o si? Ahora dese una vuelta por una RS y observe. Se quedará de piedra. Nos da coraje que se entere el vecino pero ¿no nos importa que nos vea un tipo en el medio oeste americano?
A parte del hecho de que la herramienta simplifica tanto la gestión de información que resulta más sencillo subirlo a Internet que ponerlo en el portal lo que asombra de este ejemplo es que a pesar de que la experiencia media en Internet del 60% de los usuarios españoles está por encima de los 5 años gestionamos muy mal nuestros «yos» digitales. Parecemos no entender que al estar en un entorno distinto las normas sociales son otras. Creemos, erróneamente desde mi punto de vista, que la Tribu Digital tiene unos códigos sociales diferenciados de los del Mundo Real y no es así. La Red no deja de ser un reflejo de lo mejor y lo peor del ser humano. Así encontramos ejemplos de solidaridad como el volcado masivo de ayuda a Haití o la forma en que el pueblo Iraní saltó la censura informativa del Régimen gracias a Twitter como los casos donde jovenes son extorsionados sexualmente por haber confiado en contactos digitales, encontramos tanto ejemplos de empatía emocional donde el dibujo de un niño autista llega a un científico en el Ártico y se convierte en una de las historias más bellas recientes a como el dato de que, al menos, el 60% del ancho de banda de la red troncal de Internet se usa para transmitir material pornográfico.
La Red es el elemento tecnológico humano más complejo, rico y basto que hemos construido y ya no es algo externo, forma parte de nuestra vida a todos los niveles, y es bueno que así sea, nos permite hacer mas cosas pero no nos hace mejores o peores, nos deja igual que estábamos sólo que las consecuencias de nuestros actos llegan más lejos, más alto, más deprisa. En 6 meses llegará una nueva moda, puede ser la integracíon de bases de datos de manera simplificada y o el libro digital y los titulares serán similares a los de estos días pero ya no serán las Redes Sociales.
Sin embargo las tragedias seguirán siendo las mismas, como que alguien gritó pidiendo ayuda y nadie hizo nada, no cogió un teléfono para llamarla, no avisó a la autoridades o simplemente no la escuchó. La verdadera tragedia es que tenemos unos medios de comunicación apenas intuidos en su grandeza hace 20 años y seguimos sin prestarnos atención. No me cabe duda de que las herramientas mejorarán pero eso no nos hará más efectivos, para ello tenemos que mejorar otras que conocemos desde hace, al menos un par de milenios: la educación social y la emocional.

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