Mea culpa. El periodismo debe reflexionarLos Debates de los 1001 Medios 1 x 06

Escrito por1001 Medios

2 Dic, 2009

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Diego, antes de salir en la tele, era un chico normal. Se levantaría temprano para ir a trabajar, se tomaría café por las mañanas en un bar de su barrio, a lo mejor echaría algún partido de fútbol con los amigos o saldría a correr por el parque para estar en forma, iría de vez en cuando al cine a ver una película, compraría regalos por Navidad y en alguna ocasión hasta habría discutido con un vecino por el volumen de la música.
En fin, lo habitual. Pero hace una semana, Diego dejó de ser un chico normal, porque su cara salió en todas las televisiones y periódicos del país acusado de haber matado a la hija de tres años de su novia. Algunos, incluso, llegaron a decir que la había violado. Era una noticia más, un suceso escabroso más que los teletipos, los micrófonos y las cámaras escupieron a los cuatro vientos como un nuevo caso de barbarie para alimentar nuestra insaciable ansia de morbidez humana. Y en nuestras casas, cómodamente sentados, todos pudimos ver su rostro y escuchar cómo le gritaban asesino y pedían su cabeza cuando lo conducían detenido.
Pero unos días después, todo ha resultado ser un error. Un gravísimo error. La autopsia ha determinado que la niña murió a causa de una caída de un columpio y no por los golpes propinados por Diego, como aseguraba el parte médico del hospital y luego difundió la Guardia Civil, que lo detuvo. Fallaron los diagnósticos, fallaron las fuentes que informaron a los periodistas, pero, sobre todo, fallaron los medios de comunicación que, sin ningún miramiento, exhibieron la cara de una persona detenida bajo una acusación infundada, como se ha demostrado.
Una noticia no puede fabricarse como si fuera un churro, con todos los respetos para la profesión churrera. Si la Justicia tarda meses en determinar si una persona es culpable o inocente, los medios de comunicación no pueden solventar ese trabajo en apenas unas horas, amparados en la excusa de la inmediatez. Aunque ellos no son los que han acusado a Diego, sí son los que han destrozado en la plaza pública su dignidad. La falta de rigor y de prudencia es, en nuestros días, la principal enemiga de la libertad de expresión que tanto cacarean algunos para justificar sus tropelías. Y los partidos políticos que pusieron el grito en el cielo al ver en la tele a algunos de los suyos esposados por presuntas corrupciones, también podrían decir algo cuando ocurre lo mismo con estos tipos normales.
Entre la crisis económica que barre las redacciones de este país y la ligereza con la que se tratan muchos temas, a quien van a condenar de verdad es al periodismo.
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Santi F. Reviejo es un periodista coruñés que trabaja en Sevilla. Es autor del blog Lo que apetece. La foto la hemos encontrado en La Terminal. Gracias!

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