Debate sobre el uso de la imagen del menor, autorizada, para llamar la atención del Servicio Andaluz de Salud para que le operen la espalda después de dos años perdido en la lista de espera. Tras la publicación en el Ideal de Granada, el SAS le dio cita en 48 horas.

‘Sin noticias del SAS’ es el titular de la historia de Fran, un menor de Granada que en el momento de publicar la noticia llevaba dos años perdido en las listas de espera del Servicio Andaluz de Salud. Empieza así: “Fran es un valiente de catorce años que combate la parálisis cerebral que afecta a su crecimiento con pastillas de ibuprofeno. Mientras, su nombre colea desde hace años en una lista de espera del SAS para ser operado de la espalda. No se queja, pero tampoco sonríe”.

A partir de aquí, se cuenta toda la historia de cómo sobrevive Fran y su madre y su padre no pierden la esperanza por que sea operado para que tenga una vida lo más normalizada posible. Esta historia se publicó en las páginas del diario IDEAL de Granada y en su página web, esta vez con el siguiente título: ‘Fran, el menor granadino que lleva años esperando una operación que frene su enfermedad’. (A continuación, la página del periódico y una captura de la portada de Ideal.es)

En menos de 48 horas de la publicación de la historia de Fran en el periódico y la página web de Ideal, el Servicio Andaluz de Salud respondió a Fran. Era una buena noticia. Tenía, por fin, una cita para ser intervenido, lo que llevaba esperando desde julio del año 2016.

La historia de Fran mererece una reflexión sosegada y profunda. El periodista Antonio Manfredi la comparte en voz alta con todos nosotros. Hay muchas preguntas que debemos plantearnos siempre los periodistas y el caso de Fran es un momento excelente para ello.

“Fran, el menor granadino que lleva años esperando una operación que frene su enfermedad” es un trabajo periodístico en el periódico Ideal de Granada, que firma Javier F. Barrera; intenso, duro, sobre la vida de un adolescente que lleva dos años esperando la respuesta de un sistema sanitario puesto continuamente en la picota y que determina claramente su vida y la de su familia.

Su madre, harta de no recibir respuestas, contacta con el periódico y de esta publicación surge otra, mucho más positiva: “El menor que ha esperado dos años una operación de espalda en el SAS ingresará el 16 de abril” lo que ha devuelto la alegría a la familia, luz en lo que antes era obscuridad y hay esperanza de futuro para Fran. Se me ocurren pocos mejores finales para un trabajo periodístico que devolver la esperanza a alguien que, a su vez, simboliza a una sociedad harta de fuegos artificiales y deseosa de palpar la realidad, por dura que sea, y de encontrar quien la cuente sin tapujos y busque soluciones que, como en este caso, acaban por llegar. Así que enhorabuena a IDEAL y a Javier F. Barrera, como firmante de las informaciones; y a Ramón L. Pérez por las fotografías y el vídeo.

Quedan, sin embargo, varias cuestiones que es necesario poner sobre la mesa, desde el punto de vista de la ética periodística. En el plano teórico surgen una serie de preguntas, que es bueno que nos respondamos para afrontar futuros trabajos y hacerlo con la calidad ética necesaria.

-¿Se justifica en ambos trabajos periodísticos el uso de la imagen del menor (14 años), mostrando su drama personal?
-¿Están autorizados sus padres para disponer libremente de la imagen de su hijo con el fin de llamar la atención sobre su grave problema?
-¿Se menoscaba la integridad del menor mostrando su grave enfermedad en formato video y foto, como se hace en ambos reportajes?
-El hecho de que el periódico diera a este trabajo el mayor espacio en su portada ¿no supone un cierto efectismo a la búsqueda de una mayor venta?
-¿Hasta que punto ese menor no va a ser ya objeto de tratamiento mediático a medio, corto y largo plazo, poniendo en entredicho la calidad de su desarrollo personal?
-¿Hubiera tenido el mismo efecto el reportaje obviando la cara del menor y dando solo la palabra a la madre?

Estas preguntas tienen una respuesta difícil, en tanto en cuanto se ha conseguido el objetivo que el menor necesitaba, la familia ansiaba y toda la sociedad demandaba, como es que sea tratado adecuadamente por la Sanidad Pública andaluza. A partir de aquí ¿todos los argumentos pasan a segundo lugar? Entonces, ¿qué hubiera pasado si, tras el primer reportaje, no hay respuesta de las autoridades sanitarias? ¿Hubiera merecido la pena esa ruptura de la intimidad del menor?

Son preguntas pertinentes, que se enmarcan en un trabajo como el nuestro donde, indiscutiblemente, hay que asumir riesgos, apostar por historias nuestras, humanas y cercanas, pero conociendo los límites que nos impone nuestra visión equilibrada de las consecuencias que pueden producirse de lo que hacemos.

Así que la pregunta sigue en el aire y el debate, por lo tanto, sigue abierto. Ya les adelanto que este tema fue objeto de largo debate con los alumnos de último curso del Grado de Periodismo en EUSA (Universidad de Sevilla) donde el resultado final fue apostar por asumir riesgos y conseguir el objetivo, aunque también hubo alumnos que consideraron excesivo el tratamiento. Es evidente que, nunca, en Periodismo, 2 + 2 suelen ser 4.